Según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), Tlajomulco tiene más de 57 mil viviendas abandonadas, situación que está relacionada con el aislamiento de muchos fraccionamientos de interés social que no cuentan con un adecuado suministro de agua potable, trasporte público, escuelas, hospitales, comercios, además de la falta de seguridad y demás factores que sumados se convierten en un infierno insufrible para muchos propietarios que prefieren abandonar sus casas a ser ellos los abandonados.
Este es un registro de los niños que crecerán en estos fraccionamientos donde no se verán soluciones en los próximos 10 años, y que están destinados a pasar su infancia en un hogar supuestamente prediseñado para proveer de bienestar a las familias que los adquieren pero muy lejos de alcanzar este objetivo.
El modelo de vivienda económica se repite como fichas de dominó a lo largo y ancho de todo mi país.
La deficiente planeación de estos desarrollos inmobiliaria involucra a varios actores, en primer lugar las grandes empresas inmobiliarias del país quienes lucran con la prestación de vivienda de los trabajadores por parte del Infonavit, institución que durante décadas ha sido indiferente ante la irresponsabilidad de los constructores, y de las autoridades municipales que autorizan la creación de desarrollos al por mayor sin tomar en cuenta las capacidad de los municipios para proveer de servicios básicos.





























































